Escritura Automática
La escritura automática es una práctica médium y literaria en la que la mano escribe sin control consciente del autor. El escribiente pretende dejar expresarse a una entidad exterior, al inconsciente o a un guía espiritual. Popularizada por los surrealistas en 1919, hunde en realidad sus raíces en el espiritismo del siglo XIX.
Origen y etimología
Las primeras experiencias modernas de escritura automática surgen en la estela del espiritismo. En Estados Unidos, ya en 1848, las hermanas Fox de Hydesville desatan una moda espiritista mundial. En Francia, Allan Kardec codifica en 1857, en El Libro de los Espíritus, las condiciones de una escritura dictada por entidades desencarnadas. La Society for Psychical Research, fundada en Londres en 1882, estudia científicamente el fenómeno con Frederic Myers y William James. En 1919, André Breton y Philippe Soupault publican Les Champs magnétiques, primer texto surgido de un dictado interior rápido, fundador del surrealismo. Breton la define en el Manifiesto del surrealismo (1924) como un automatismo psíquico puro.
Evolución y tradición
En el siglo XIX, médiums como Hélène Smith, estudiada por el psicólogo Théodore Flournoy (Des Indes à la planète Mars, 1900), producen relatos complejos atribuidos a espíritus marcianos u orientales. En Estados Unidos, Pearl Curran escribe desde 1913 un corpus importante atribuido a Patience Worth. En el surrealismo, Breton, Aragon y Desnos practican la escritura automática como método poético sin pretensión espiritista. Los psicoanalistas —Pierre Janet, Carl Gustav Jung— ven en ella una vía de acceso al inconsciente. Hoy la práctica persiste en los círculos médiums de la new age, a veces bajo el nombre de channeling.
Uso práctico
El procedimiento tipo consiste en instalarte en calma, bolígrafo en mano sobre una hoja, respirar profundamente y dejar que la mano se mueva sin intención consciente. Los primeros intentos suelen producir garabatos o bucles, y luego, tras varias sesiones, palabras y frases. Los surrealistas recomendaban una velocidad de escritura máxima, sin relectura ni puntuación. En Tarotoui, la escritura automática puede proponerse como ejercicio complementario a una tirada: anotar sin filtrar lo que la carta evoca para ti, a veces escribiendo deprisa veinte líneas sin reflexionar.
Para profundizar
El consenso científico actual atribuye la escritura automática al efecto ideomotor, mecanismo motor involuntario identificado por William Carpenter en 1852. El cerebro puede producir contenidos significativos sin participación consciente, lo cual no implica ninguna intervención sobrenatural. La propia Society for Psychical Research ha llegado, tras décadas de investigación, a conclusiones prudentes. El interés psicológico y creativo se mantiene, no obstante, reconocido, sobre todo en psicoterapia expresiva.