Adivinación
La adivinación designa el conjunto de prácticas destinadas a obtener información sobre el presente, el pasado o el futuro mediante la interpretación de señales, objetos, movimientos o fenómenos considerados significativos. El tarot, la astrología, la geomancia y la lectura de runas son formas suyas.
Origen y etimología
La palabra proviene del latín divinatio, formada sobre divinus, lo perteneciente a los dioses. Cicerón le dedica un tratado mayor, De Divinatione, en el 44 a. e. c., donde distingue una adivinación artificial (por interpretación de señales) y otra natural (por inspiración directa, sueños, trances). Las prácticas adivinatorias están atestiguadas en todas las culturas antiguas: haruspicina etrusca, oráculos griegos de Delfos y Dodona, sibilas romanas, ornitomancia, hidromancia, geomancia. La Mesopotamia babilonia practicaba la hepatoscopia (lectura del hígado) y la astrología desde el II milenio a. e. c. La China antigua utilizaba los huesos oraculares de la dinastía Shang (siglos XVIII-XII a. e. c.) y el Yi King.
Evolución y tradición
El cristianismo medieval condena oficialmente la adivinación como práctica pagana, pero a veces la tolera bajo ciertas formas (astrología médica, profecía). El Renacimiento redescubre las tradiciones antiguas con Marsilio Ficino y Pico della Mirandola. El siglo XIX ve el desarrollo de la cartomancia moderna con Etteilla y Mademoiselle Lenormand, y la fundación de las grandes escuelas ocultistas (Éliphas Lévi, Papus, Golden Dawn). La psicología profunda de Carl Gustav Jung, que prologa el Yi King en 1949, propone una relectura de la adivinación como espejo del inconsciente más que como predicción. Esta lectura domina la práctica contemporánea.
Uso práctico
Las prácticas adivinatorias contemporáneas van del tarot a la astrología, pasando por los oráculos, las runas, el Yi King, la radiestesia y la lectura de los posos del café. En Tarotoui se ofrecen varios sistemas adivinatorios, desde el Tarot de Marsella hasta el Lenormand, pasando por los oráculos modernos. La gran mayoría de los practicantes modernos no reivindican una predicción literal del futuro, sino un espejo de las dinámicas internas y externas en juego. El consultante extrae cartas, lanza runas o plantea una pregunta y lee la respuesta como detonante de reflexión.
Para profundizar
La distinción de Cicerón entre adivinación artificial y natural sigue siendo pertinente: un cartomántico interpreta cartas (artificial), un médium relata una visión (natural). Confundir adivinación y predicción estricta es una simplificación popular. La mayoría de los practicantes contemporáneos, formados en psicología o filosofía, rechazan esa lectura determinista. Conviene observar también que el estatus jurídico de la adivinación varía según los países: en Francia, está regulado por el delito de estafa en caso de abuso.