Augurio
El augurio designa, en la Roma antigua, tanto al sacerdote encargado de interpretar las señales enviadas por los dioses como a la propia señal, generalmente extraída del vuelo o canto de las aves. Por extensión, hoy el término designa todo presagio o pronóstico, favorable o desfavorable.
Origen y etimología
La palabra proviene del latín augur, cuya etimología sigue siendo objeto de discusión: tal vez avis (ave) combinado con garrire (gritar), o de la raíz aug- (aumentar, hacer crecer). El colegio de los augures romanos, o collegium augurum, es una de las instituciones sacerdotales más antiguas de Roma, tradicionalmente fundada por Rómulo y ampliada por Numa Pompilio en el siglo VIII a. e. c. Los augures se encargan del auspicium, la observación del vuelo de las aves, así como de los rayos y de fenómenos inusuales. Ninguna decisión política o militar mayor se toma sin consulta previa a su colegio. La función decae en el siglo IV de nuestra era con la cristianización del Imperio.
Evolución y tradición
La tradición adivinatoria por las aves trasciende Roma: está atestiguada en los etruscos, los griegos (oionoskopia) y numerosas tradiciones indoeuropeas. El rito romano consiste en trazar un templum en el cielo con el lituus (bastón curvo) y luego observar dentro de ese marco el vuelo de las aves. Las aves alites se interpretan por su vuelo, las aves oscines por su canto. A partir de la Edad Media, la palabra augurio conserva su sentido adivinatorio pero se generaliza a toda forma de pronóstico. En el siglo XVIII, la expresión de buen augurio o de mal augurio entra en la lengua corriente.
Uso práctico
En las prácticas oraculares contemporáneas, augurio se utiliza con frecuencia como sinónimo general de presagio o señal. La práctica adivinatoria por observación de las aves, u ornitomancia, rara vez se practica hoy de manera sistemática. En Tarotoui el término aparece en las fichas de introducción a las distintas formas de adivinación, como categoría englobante. El término sigue siendo útil para hablar de acontecimientos interpretados como señales: un encuentro fortuito, un animal cruzando el camino, un ave chocando contra la ventana. Muchas tradiciones modernas siguen prestando atención simbólica a estas apariciones.
Para profundizar
El augur romano no era un adivino en sentido predictivo moderno: interpretaba la voluntad divina sobre una decisión concreta (acción favorable o no), no el futuro en general. La confusión entre augurio y profecía es posterior. Conviene observar también que en el uso corriente en español, augurio es masculino (un augurio).